Traslado I

Poesía de autor para el recuerdo.
Jota Azimut
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Traslado I

Mensajepor Jota Azimut » 19 Mar 2008 23:55

<center>De mis propias impropiedades.


De los primeros ripiochurros
de un tal Golber Druida,
no sé si repetidos
y que traigo aquí
como caja de seguridad
y por si fuera que alguien quisiera
apuntar alguna corrección
o hacer algún tipo de crítica.
Yo, si me permiten, me inhibo




Dismetría mental.



Un rincón, tan sólo un rincón,
a ser posible tenue como una alcantarilla
y con un aguerrido sabor a misereres,
a tabaco limpio de mejunjes,
a orujo tibio de pezón usado,
a arista filosa de lengua traicionera,
eso quiero, tan sólo un rincón
en que el futuro discurra ante mis ojos
con nombre de mujer,
con planing de caderas danzarinas,
con almíbar de ingles resabiadas,
con esa perversión de los colmillos
tan hábiles en lamer ejes y conflictos
enhebrados en otros sexos. No sé.
Discurro sin palabras por las fuentes
insólito de arcos y de arco iris, de florestas
hilvanadas en las tapias con esa languidez
en los brazos tan propia de la abulia,
salamandras lujuriosas de luciérnagas
tan efímeras como noches en tu cuerpo.

¿Por dónde iba o a dónde...?

Que quiero un rincón en donde el mundo
se disperse en ginebra y en lascivias
compradas en mercados turbulentos
en que sus carnes sean tus carnes,
en que sus besos sean tus besos fidedignos,
nada más, sólo eso... fidedignos.





Regreso.



Dejo la mar y regreso
a la suciedad de las horas
que se apuestan en la autovía, a las casas
que antiguamente alertaban a los marinos
con sus gritos de colores.

Quedo huérfano de olas
y del sabor de los pinares, de la arena,
de la oscura senectud de algunos pecios
venidos de un lugar indefinible,
entregados por algunas manos misteriosas,
con un presagio en la botella, una súplica.

Me aguardan penumbras y ruidos
de una ciudad despoblada de avenidas,
mortecina de farolas,
agónica de parques,
absorta en el otoño
que todo lo sacude o lo impregna de amargura,
de nostalgias.

Simplemente, voy al cine, a cobijarme
en un paisaje menos austero, distinto, insólito…
otro páramo en que olvidarme
de tanta desnudez en mis fachadas.



*


Demasiado tarde para intrascendencias.


Allí una galaxia desesperada,
aquí una molécula que acierta
el ritmo de la vida,
paralelas que convergen en otra dimensión,
monstruos leves embriagados
de gotas de rocío
y nada que llevarse a los dedos
de este tu hambriento de caricias.

¡Qué extrañeza de este maremagno!
¡qué indiscreta turbulencia de tu lengua!

No ansío el orden de las cosas, (ya saben),
diccionarios, lapiceros, lista de la compra,
no ansío los besos que te sobren.

Bien, no me explico…
digo que en esta turbamulta que es el cosmos
todo se sucede según leyes de la física
y entre tú y mi lujuria,
apenas se conjuga la premisa
de la igualdad entre los polos.



*


Del sabor de los vencidos.


Te ondulas,
te ovillas,
te aferras como un octopus hembra en la avaricia
de una lengua que conquista exacta
los puntos recónditos de tu orografía.

Aquí me tienes, te reto,
sometido a tus contornos,
devorado por las ganas de ganarte,
dedicado al servicio de tu imperio,
mientras tú,
convulsa, despiadada,
sinuosa,
delatas los lamidos que me vencen,
así en mí
y así yo en tu asedio.

Así yo en mi estrategia,
guerreando en tus batallas,
bebiendo tus almíbares,
ebrio en tus sudores,
me creo ganado el combate en tus gemidos
y al asalto,
me asombra lo felino de tu ataque,
en el fragor decadente de mi espasmo, a tu servicio,
en mi derrota,
entregado,
me doy en parsimonia por tu pubis,
en quietud entre tus muslos
y lentamente te deleito,
te absorbo,
te hago mía
con todas mis banderas postradas
ante tu insidiosa desnudez
de sierpes lujuriosa.



*



Sin viceversas.



Afilaste tus palabras para el agravio,
hundiste los dedos en la llaga
y me dejaste aguardando la seda de tu colmillo,
el tul árido de las caricias y así mi señora,
contuve los latidos del oasis que me nutría,
la vigilia del tiempo sobre las dunas,
el helado sopor de los labios
extenuándose en los péndulos
y nunca mi señora celebraste mi cautela,
ni mi vigilia,
ni el candor de mis deseos,
ni mi seguir tus pasos por los caminos.

Oh mi señora,
nunca floreció queja de mi boca
y sí el brote ardiente de los besos.




*



Incompetencia.



Atardece y hace un frío de venganza,
aquí se recuerda el verano con sus horas
tremendas, salinas, aquietadas
en la agreste aspereza del tomillo, del hinojo.

Ya ves,
atardece y sigo torpe de palabras,
no se aviene la arboleda ni el crepúsculo
ni la perfidia de la luz que agoniza,
ni el trémulo rielar de la hojarasca
al filo exhausto de mi lengua.

Nada acude dócilmente a mis papeles,
ellas - las palabras- me dejan fuera de sus jugos,
postergado de sus vínculos,
prosiguen aferradas al estallido del silencio
y sólo me permiten
seguirlas con mis dedos en sus líneas,
desviarme a la fulgurante caída de las luces
e intentar un canto cursi
a la errante tristeza de la bruma,
a la intranquila vigilia de la alondra.




*



Incompetente.


Otra vez,
otra vez me quedo sin arengas que creerme,
sin la voz que me llame en la noche
al cobijo de los bosques, al sosiego de la bruma
que finja una espesura inmensurable,
otra vez enmudezco
en esta oscuridad que se perpetra
ciega y muda e indeleble,
en esta oscuridad de luna cuarta
de aullido quieto,
de brisa inválida, de escollo rudo...

Otra vez en esta noche
me soporto centinela de mi insomnio,
vigilante de temores,
otra vez desorientado…




*



Este mismo instante tan nocturno.



Mudéjar el laberinto se oscurece
en un arco de escayola,
ventanal de gasas con dos flores de agua
y un cristal bipartito que se hace noche
de una bruma inútil, insistente, sedentaria,
una canción con un silencio que prolonga
todos sus silencios más fúnebres,
notas que vuelan por los nidos
donde el insomnio se prende
de la inconsciencia tibia de la carne,
de la nulidad del vuelo,
de la certeza del búho que carcome
los sueños y sus estelas
con el siseo sibilino de su plumaje
y en su pico, como en mi pesadilla,
plumas rotas como pesadas piedras,
cánticos y trinos que no llegan al alba,
en este ritual despreciable del horror
tan necesario,
tan callado,
tan ruin…

Fuera lo terrible de los dioses,
aquí,
en mi casa,
tanta pesadumbre quieta,
tantas plegarias sin destino.




*



De mis lujurias.




Cuando el bosque dibuja
las sombras de la tarde,
aguardo silentes madrugadas
para hallarte oculta entre mis sueños.

Oh tú muchacha que escapas
a la hereje lascivia de mis noches
disuelta en otras pesadillas,
alguna vez prometo alcanzarte
con el filoso aullido de mis dientes,
con la férrea caricia de mis sedas.




*



Desequilibrio.




Se alientan las sombras de las noches,
la hondura calma del otoño en los parques
y tiemblas,
tiemblas en el filo curvo de los sueños,
en la arista de los vidrios que recorre
el turbio precipicio de la vida.




*


Inmigrantes por mis sures.


Roto el Sur en mil pedazos
se desprende la mar sobre tus carnes
y en la roca oscura de tormentas:
tus sueños,
tus recursos,
tu osamenta totalmente desnutrida...




*



Autolisis.



En ella,
mortalmente dormida se hizo el invierno,
de su latir lívido de ganas brotó el desahucio.

Tatareaba un túnel absoluto y vislumbró la luz
de un fanal antiguo propio de su infancia,
un resquicio a seguir,
un faro guía,
y en el abrazo turbio de la noche
cerró su pecho a los oxígenos y decidió
seguir enclaustrada eternamente…
en la oscura alegría de sus sueños.





*



Mirando el cielo.







Rebuscar en la noche su pulpa,
entablar el diálogo de los solos
en todas mis ciudades,
dibujar un estatua
que vague por una bruma de palomas,

naufragar por las candelas
que trémulas se oxidan,

mirar el giro de un planeta sosegado,
sentir el big-bang más estridente.




*



Arqueología.



Ahí queda el naufragio de la piedra,
su silencio,
el camino de la noche
por la carne vencida al pecado.

Ahí la ciudad antigua
orando sus tristezas
de rescoldos de sal en las ruinas.

Ahí absortas las farolas
con su temblor naranja
rondado de efímeras.

Ahí mis huesos todos
enfermos de caricias,
afectos de malacias
de tantos milenios
vomitados,
de tantos fósiles en las urnas.






*



De los olvidos recordados.



Se me mueren las alondras
y la ventisca
asola tantos huecos
que no me quedan manos
para tapar tantas tormentas.

Se mueren los ocasos tan vitales
que la vida me detiene tan horrible
en un vacío en que el invierno

es árido,

filoso,

apagado

y en él,

yo, - en el invierno -

y en ellos,
yo, - en los ausentes -

me dejo todas las palabras
y tan extensa es mi paramera,
tan amplio el mármol de mi templo,
el eco en mi ágora terrible
que también yo - trémulo - me apago
por su leve mansedumbre,
desde la inquietud de la iglesia (en que no creo)
hasta esa placidez de incrédulo fantasma,

en el silencio en que se mueren mis alondras,
en el alarido de su ausencia tan callada

rae carnívoro el luto-ritual

de otro giro que termina.






*

Morgana de Palacios
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Mensajepor Morgana de Palacios » 20 Mar 2008 20:21



Un atracón así, no me doy todos los días. No sé desde cuando escribe usted Vaiper...sí recuerdo al Druida de verle en algún foro hace mucho tiempo, así...desinhibido, pasional y triste. Supe que era usted, como supe que era J. Azimut y algún que otro que no voy a descubrir, por pagos muy diferentes, porque, no sé si usted se da cuenta de eso, su voz es inconfundible.

Alguno de estos (no voy a señalizar porque todos son buenos) me ha retorcido el alma, más de la cuenta, supongo que por circunstancias, porque ya sabe usted que soy bruja pétrea para casi todo. :roll:

Siga guardando en este cajón y no le importe que se vuelva pandórico ya que la vida sin riesgo, suele ser aburridísima.

Señor...



Eva Lucía Armas
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Mensajepor Eva Lucía Armas » 21 Mar 2008 02:00

Tengo de esas mudeces que no deben ser rotas.
Así que nada.
Muda.
Absolutamente orgásmica.

Cuando despierte creo que voy a decir algo como: ¡Que bien escribe este capitán hijodeputa!

Ya le expliqué y si no se lo expliqué aprovecho para explicarle que tal vocativo impropio de una dama, es un super piropo en mi país.

No lo beso. No se lo merece por escribir tan de putamadre.

Marisela Salazar
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Traslado II

Mensajepor Marisela Salazar » 04 May 2008 05:01

<center>*


Reciprocidad.



«Tan ateo, que al amanecer el alma decidió descreerse de su cuerpo en fatal correspondencia.»


Aspideviper.




*




Cuando dices adiós yo te reclamo.




Cuando trémulas ardan las últimas palabras
me hallarás postrado con dolor de desconsuelo
y no habrá versos que enjuguen en mi lengua
el sabor pálido de tu caligrafía.

Acaso, si tibia acudieras en favor de mi reclamo
y prendieses algún rescoldo de este enjambre de cenizas,
quisiera que llegaras… al menos,
como sombra de tus besos,
con el color nocturno del deseo
o con el triste rictus de un poema, incluso,
con la bruma desvaída del recuerdo más antiguo,
pero nunca, nunca…
nunca,
como el latido ausente de las piedras.





*



Relato circadiano.



Ayer fue la mar,
ahora la cónica figura de los faros, la girándola loca de la fuente,
lamidos de una lengua congelada, secas gotas
que no nacen en la oscura aridez de las tormentas, nómadas tristes
de manos somnolientas dibujan regresos a los sueños.

Hoy ha sido un día más, sin serpientes, sin manzanas,
sin nada que contar a los diarios;
sin crisálidas que aguarden a los brillos de la lejana erupción de los colores,
todo sigue en su ritmo establecido, proseguir los hilos urdidos sin enredos,
leyes transparentes y marionetas perdidas en la algaba.

Si acaso dejemos una novedad en los papeles, una voz,
una palabra, un desvarío, el aliento que quisiera ser un grito,
el retorno del albatros a mi memoria.



*



Pecado de carnaval.



Aquí llueven carnavales,
carnes sucias,
orín en las esquinas
y el vómito que la máscara no soporta.

Borrachas las figuras
deambulan por la noche
vestidas de harapos, de pastillas, de humaredas
y fumata de luto con su no habemus papa.

Una puta que no cobra su peaje
me señala con la punta de sus ojos,
soy inalcanzable en este sueño
que discurre de tragedia en tragedia,
risas,
llantos
y sus muslos abiertos a mi fiesta,

aquí yo

y aquí el alba

tú eliges.





*



Yo sin embargo rendido a tus formas
te quiero vestida de bruma
ascender por tus piernas de agua
e indecente beberte en la boca
carmín y lascivia, quedarme
en tus ojos de sueños reales
y saber tus gemidos caricia a caricia
por la ruta que ansías
hallar el camino de mis dedos en tus ingles
tan lentamente,

t
a
n

l
e
n
t
a
m
e
n
t
e
,

que creas tu vientre una mar turbulenta
y en tu pubis de vino
ahogarme ebrio
sorbo tras sorbo

de sal y de almíbar
en tu cuerpo convulso.





*



Tu canción de soledad para mi sólo.



De tu voz agrietada por el humo
me llegaba el pequeño dolor
de una gran derrota, en mi piel
graves heridas sin importancia
me hablaban con sabor a ginebra
como un maremoto en mi equilibrio
crujía la luz fluorescente de tu bar,
como un lamento agudo, tan triste,
tan tristísimo que parecían fulgores
lamentablemente ateridos
y tan trémulas las lágrimas
que hablaban de desamor y de naufragios,
rompían mi corazón en mil burbujas de cenizas
embebidas nuevamente en la nostalgia
de cien mil garabatos hecho besos,
transparentes besos de luna oculta,
de cara oculta selenita, de tu cuerpo oculto
entre la bruma.
Tu voz de encrucijada en mis ojos de lápidas
me beben en un epitafio desértico,
aquí yace mi calavera,
allá su espíritu sin carne,
aquí mis sueños sin saber amarte
con la realidad debida,
allí las piedras
que plagian tus latidos como si fueras
una Venus de Milo con sus brazos de niebla
carente de caricias...

Tu voz asesina me ahoga la garganta
y yo te muero en aquél rincón apagado
en que una vez me amaste y te supe
verdadera, absolutamente verdadera.





*



Yo sí busco.



Porque llega la noche
cargada de insomnios
yo te busco
y en la alta alcurnia del encuentro,
en su feliz estación, disimulo
la soledad que me sostiene,
es farragosa tu presencia
de pétalo insumiso, insobornable,
te necesito en carne y hueso,
te necesito procaz e hidrosalina
y tú te disfrazas siempre
de palabras y de horizontes.





*



Levante de muy fuerte a temporal.



He de disolverme - es el mandato -
en el alma antigua del Levante.
Polvo eres que llega del Estrecho
abatido de salitres y de derrotas.
En este lugar donde respiras
por fin pinares y azahar, yo te aguardo
soluto, salitroso, desnudo acantilado
que abraza al fin tu fuerza libre.
He de disolverme, es el mandato
en tus ramas de etérea transparencia.





*



Qué fuera de aquel inmenso atardecer
cuando la luz caía sobre el orbe
con una pausa de enorme plenitud
y yo, sin ojos y sin ganas,
no quise observar ese prodigio
en que los dioses
hacían cabriolas con las luces
y con las sombras
teñían todo de un temor a insomnio
que no añoré jamás en mi experiencia
sino tenerte entre mis brazos calmadamente
como un pulpo de histéricas lascivias
con miríadas de tentáculos ansiosos
y con óctopus corazones para amarte.





*



*



Aspideviper.

Marisela Salazar
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Peroratas diversas.

Mensajepor Marisela Salazar » 04 May 2008 05:57

<center>*


Sopor.



He dormido apenas unos siglos
después de mis demencias
y ahora que regreso sin espadas
sólo me quedan pedregales
espinosos bajo mis pies cenicientos
y pájaros que respiran en los telares
los últimos hilos
de mi tapiz más amado,
después de tan largo recorrido
hacia la espesura,
a lo más funesto
que recorren los dioses
cuando se reflejan repugnantes
recontando a sus creados
o se notan insensibles
y huecos,
inexistentes,
yo regreso para sanar de mi carne
toda podredumbre.





*



Similitud.



Fui por las calles para hallarte
y sólo tuve ante mis ojos
a una multitud informe
y alocada
y yo era como ellos,
igual que ellos
y tú - invisible - eras como tú
informe y alocada.





*



Para Sofía.



Ya saben que nos soplan
los vientos ásperos del Este
que ventean a temporal
y todo gira
o se debate
entre deshacerse en raíz o entender
la ingravidez hermosa de los pájaros,
pero existen extrañas criaturas
que siendo inmensos baobad
siempre hallan
el looping adecuado de los vuelos.





*




Fue algo adolescente.



Se me avino el sol triste y hermoso
cuando el alba apenas sucedía,
cuando apenas era alba
y se hizo de azul triste hermoso
y helado
como el viento que me llega
desde el Este, desde el Este...
allá donde fulge Alejandría y Luxor,
y Cartago, mis ciudades tan amadas.





*




De mis extrañezas.



Se estremecen
con un dorado enfermizo
mis rosales
con sus pétalos febles

rojos y mustios,

rosas y mustios,

gualdas y mustios

y púrpuras....

y mustios

se estremecen los geranios,

la albahaca,

los pinares verdes y mustios,


se estremecen mustias


las vértebras antiguas

que me yerguen las carnes

y los tendones

y las ideas

y que tiritan

ante este viento desolado

que lo deja todo

tembloroso y mustio.





*




Miel.



La muerte es dulce - Catilina
si las manos de ella se aferran
a mi garganta y me acarician,
si son sus labios los que asfixian de rojo
mi azul de ahogado,
la muerte es dulce
como deben ser dulce
su saliva
y sus jugos,
la muerte es dulce
y de hiel cruda su ausencia
de tan cercana lejanía.





*




Desaconsejo.



Ábrete a mí y no esperes
a que la noche te devore,
haz de nuestros sueños
una fiesta
y si llegan los lutos
como llegan las crueles alimañas
a bebernos las venas y sus latidos,
tengamos el tiempo que tengamos,
espera de mis brazos de acero y seda
que te abracen,
que te anuden,
que te alienten a la vida
y la vivamos latido tras latido.





*



*



Aspideviper.

Marisela Salazar
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Otras peroratas.

Mensajepor Marisela Salazar » 08 May 2008 04:50

<center>*


Contradicción.


Has llenado el (mi) mundo con tu silueta
de inmortal virgen de cera
y ahora que todo nos es pecado
ciegas mis iris a tu carne
y me haces sal y amarga herida.



*


Tierra mojada.


Escribo en las piedras
extraños jeroglíficos
pero sé que todo se concentra
en ocultar tu nombre
a mi memoria.



*


Lenguas.


Veo y siento y escucho
miríadas de lenguas
lamiendo enésimas galaxias,
eternas nebulosas,
enjambres de puntos imprecisos de la nada

y veo (sin embargo) en mis ingles
una sola lengua
de fuego
que me llega lentamente
desde ti hasta el pecado


y me arrastra


y me quema.




*


El ave flamígero late leve
tras la dulce caída,
su rojo luce destellos de dioses
es ahí la metáfora
de la efímera esencia
del barro y de la muerte.




*


Ebria las horas de verde y de salitres
se suceden despacio y titubeantes.

¿Quién dotará al tiempo de tanta agonía?

Quién si cada instante
alcanza con su ahogo los labios
en los rompientes.




*



¡Detente y medita! ¡Detente!
Sol en las mareas el templo que se ahoga
luce granate y dorado por tu influjo.

¿Crees acaso que los rezos
en las piedras
lo sean como loa a tu nombre?

Qué soberbia desciende mi diosa
a su sagrario.

Qué dulce la noche de su piel
entre mis dedos.

¡Detente caminante y medita!




*



El jardín sisea noctámbulos aromas
tras la tapia umbrosas: llantos y rugidos.

- ¿Qué sucede si el arquero tiembla
su dolor grave a lejanías?

Dótese la flecha de almíbar
y que Diana sonría ante la llaga.

La sangre crecerá hacia la muerte
si el aire oxida sus latidos.




*



Oscurece la mar en azul de lejanía
y bramidos espumosos
en los rompientes,
me ciegan los destellos
del astro extraviado
en un velorio.

Si la arena se vierte en el vacío
en qué lugar mis pasos
serían la señal de una gaviota,

en qué lugar su torpe geografía
se hará retazos entre las piedras.




*



Aquí todo me sucede
en un punto preciso de la nada:
los árboles,
sus hojas,
el canto autista de los ángeles,
el dolor de la distancia en los visillos,
el Levante, su terrible somnolencia,
el color avieso del albatros
que finge hambre de salitres
y se inmola en los espejos
y rompe la mar de parte a parte
y sestea su muerte lentamente
vertical y presagiada e interminable.

Os digo
que aquí todo me sucede
despacioso,
espeso,
soporífero y ardiente
como un beso imposible,
ansiado como el agua en un vergel de osamentas
a punto del hastío.

Cae la tarde y en la ciudad
las luces y los festejos
se teje y se desteje,
se teje y se desteje.




*


*


Aspideviper.

Marisela Salazar
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Noche.

Mensajepor Marisela Salazar » 15 May 2008 04:55

<center>*


Noche.


*


Cruza el cenit y avanza hacia mí,
soy ese,
el que liba trémulo del aire,
el que danza triste entre las hojas,
el que sin alas desea levantarse
hasta asirse con sus huesos
a tu sombra.



*


Mírame, hazlo libre o atada
al tiempo que nos quede
por tenernos
pero mírame en esta desnudez
de los horóscopos
cuando anuncian la quietud del solitario
grabado en mis papeles.




*


El viento que se acalla con la lluvia
si sopla cuajándose en los huesos
aletea en los ramajes sus soplidos
con gotas de noche entre sus tallos.
Haz en mi tu aliento de cristal – amada mía -
como un insomnio eterno te absorbo
vigilante por las turbias madrugadas.



*


Me niego a seguirte hasta el pasado
como un buque que anclado en su estela
ansía el horizonte

y sin velámenes

ni brisas,
es herido por la bruma de un infierno
que taladra su obra viva
y lo hunde.



*

*

Aspideviper.

Vicente Vives
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Mensajepor Vicente Vives » 12 Jun 2008 08:19

Y... cómo pasa el tiempo, aquí entre sus vericuetos, caballero Azimut. Consigue que la poesía cobre valor en sus versos. Míreme, tonto me quedo ante lo que dice. Nomás...y nomenos. Un saludo, Jota.

Morgana de Palacios
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Mensajepor Morgana de Palacios » 12 Jun 2008 12:10



No sé los demás pero yo no me siento demasiado a gusto siendo invisible. Al vesivilo creo que tampoco le hace gracia, por lo que leo.Tendré que buscar la causa para comprender el efecto.

Gracias Saltarina, tu admiración y lealtad, consigue hacerme disfrutar lo inesperado y además me toca corazón con la varita mágica de la ternura.



Jota Azimut
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Mensajepor Jota Azimut » 12 Jun 2008 18:59

Tejedora, Lucía, Vicente, por favor les ruego disculpen no mi despiste, ni mi vagancia, sino el no tener mucho que decir sino darles las gracias por sus comentarios tan amables, siempre tan amables y tanto que una y otra vez recaigo en mi mudez para decir, en mi incapacidad para responder algo coherente. Sí, pago sus atenciones con desatenciones y no está bien, tampoco yo me las excuso.


Marisela bien sabe que lo que escribo en un lugar extrañamente lo llevo a otro, es raro que lo haga si acaso alguna vez lo he hecho, no obstante, ella tuvo el detalle, la entrega generosa, el trabajo recopilatorio y la decisión de colgar estas cosas mías en Ultra, tuvo mi autorización extraordinaria, no tenía por qué no otorgársela, aunque jamás se me hubiera ocurrido hacerlo en otro lugar distinto a las "Memorias personales" o quizás sí, no lo sé. La cuestión es que le agradezco su labor, su predisposición altruista, su amistad y sus deferencias para conmigo.

A ella y a ustedes, nuevamente, les pido disculpas y les doy las gracias.

Saludos.

Marisela Salazar
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Sinfonía sin identificar.

Mensajepor Marisela Salazar » 20 Oct 2008 03:09

<center>*


Sinfonía sin identificar.


Esta música, esta música,
esta música que me lleva, que me eleva,
que sacude mis entrañas, que me habla,
esta música que señala mi camino,
que me encauza, que me llama,
esta música que suena, que silba, que llora,
que sorprende, que ventea, que me llueve,
esta música que grita, que ruge, que acaricia,
que susurra, esta música que me hiere,
que conmueve todos mis sentidos,
esta música que me arranca,
que me asiste, que me duele,
esta, esta,
esta música
que se clava en mis costillas
con filoso escalofrío,
esta música,
esta,
esta música.


*

*

Aspideviper.

Mirna Estrella
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Mensajepor Mirna Estrella » 16 Nov 2008 08:47

Todo usted es una deuda con la vida, Aspid. No deja de interesarme lo que escribe.

jorge muñoz
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Mensajepor jorge muñoz » 08 Oct 2009 21:51

Pues Jota, lo mismo que Mirna, digo yo. Abrazos.


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