Trozos de mí para guardar como quieran

Poesía de autor para el recuerdo.
Ronald Harris.
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Trozos de mí para guardar como quieran

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 14:59

Laberinto y Minotauro



A mi amada Carolina.


Abandonados


¿Amor, quieres que habite este naufragio
en tus aguerridas costas sin olvido?

Hay un fuego no dicho
en nuestra alcoba,
y sábanas de viento
para que arda mejor.

¿Lo ves?
Esta sombra te lo dice;
la humedad que nos prepara
es alegoría previa;
un destino de pequeña magia
para nuestras caricias
sin nostalgia.

¿Amor, lo escuchas?
Cada beso canta por nosotros
su lealtad azul,
cuando las olas nos presienten
oscuramente abandonados,
a nuestra extraña fe de maremotos.

Al fondo del silencio,
el mar rezuma sus tristezas
sin destino,
mientras nosotros
nos vamos desnudando,
dulcemente lejanos,
en la poderosa soledad
de los que se aman.



Algo de mañana


Inesperada barca son tus labios
para este naufragio de besos sigilosos.
Y si te miro con iris de nostalgia,
es el eterno sueño de tus ojos
la cadena que los declama.

Sé que reirás sobre estos versos
con esa boquita tuya
de tantos amaneceres dibujada,
sintiendo en esos tiernos pasos que das,
toda la incredulidad
de tus años primeros.

Y sé también
que aún no existo
del todo en tus latidos,
mas la plaga de versos que me dejas
tienen la rara certeza de una ahora
que quiere ser algo, un poco,
de mañana.



Antes de tus ojos
(o del amor y de la muerte)



Te amo como se ama lo terrible,
con la cruz de hielo que se rompe
en las costas de mi lecho,
cuando los años son paquidermos
- sordas bestias llenas de preguntas - ,
o la tierna muerte que sube por los muros
desflora la nada que pretende tu infinito.

Así te amo, en lo oscuro,
en lo que se mueve entre las sombras,
en lo innombrable de los días.
Allí mi amor es una espada;
ardiente centella que corta mi memoria.

Lapsus

Antes de tus ojos, el vacío,
un sueño de soledad
que visitó estos entierros;
el funeral de los días
que venían por las manos
a quemarse entre papeles,
entre verdes versos que no llegaban,
o discusiones de silencio,
o lejanía.


Te amo como se ama lo que duele,
lo que te devuelve la mirada con llamas,
con sangre o con furia.

Te amo como se ama lo que nace
y comienza a morir.

Te amo,
como a mí
me ama
la muerte.



Cada noche y cada día


En tus manos no hay destino,
sólo este imperio de sombras azules,
y ese largo y ebrio cascabel
donde juegan tus dedos a matar
mis eternos insomnios sin sosiego.

Y sólo soy cuando me tocas.

Sólo soy cuando tus ojos me crean,
y el feroz aparato de mis horas
comienza a moverse,
chirriante y devastado,
reloj que en mi pecho cruje, metálico,
por cada segundo de este ardiente espejismo
que son tus ojos en mí, sobre mí.

Te huye el mar sin duda,
así como todas las cosas
de las que estoy hecho
te buscan sin remedio por el mundo.

Como los alfileres a su imán.
Como las abejas a su reina.
Así mis huesos se arrastran hacia ti,
cada noche y cada día
de mi inútil existencia.



Carolina


De tus labios suaves
como la tarde de un jueves anodino,
cuelgan estos sueños fracturados,
quebradizos como peces de cristal;

un beso que no fue,
espera la mañana
recostado sobre un olvido
que se resiste a perecer...



Distancia


Esta magia de diminutas horas
en que plagio la sorpresa de tus labios,
es primavera de caricias
para mis dedos anhelantes;
felicidad en dosis
enumeradas por la ansiedad
de saberte tan lejanamente cerca,
tan cercanamente distante,
de mí.



Felicidad


Ni el álgido cielo de este Santiago inconcluso,
ni la musa infame y poderosa de mi miedo,
ni la oscura posibilidad que esconde la certeza,
pueden con esta magia de quejidos que me prestas.
Nada, nada es más poderoso
que tus besos en mi lecho de hombre solo,
que tus caricias de hembra fabulosa
que me eriza las costillas,
que estos domingos infinitamente pequeños
en que me compartes la alegría
de ser tú, siempre,
canto por toda la belleza de esta vida,
sencilla, elocuente, arrebatada
como una ola de mayo,
helado pez de viento
que juega en mis rodillas
por cada hora que mis besos te presienten
a tres sílabas de mi felicidad.



Iluminando mi soledad


Después de darle tanto mi voz a un grito:

¿Qué verbos me quedan
para hablarle a la alegría?

¿Con qué símbolos contengo
estas tibias caricias que me prestas?

¿Con cuáles otros las dibujo
sin mezcla de soledad?

Te amo, es verdad,
y mi piano de arpegios sigilosos
es una mañana de muchos pájaros
(que anidan en tus ojos cuando me miras),
y una risa de olas
me sube a la garganta,
como un escalofrío
de sueños atrapados
en lo más profundo
de este corazón ambivalente,
que grita tu nombre
como quien invoca
a la más bella muerte,
como quien llama
a la más fiel batalla.

Amor, enséñame nuevamente la ternura.

Hoy mi corazón es una llama,
y en su fuego sagrado
mi voz se alimenta.

Amor,
tu cuerpo es la tormenta
donde mi mar
se sacude sin remordimientos.

Deja que este naufragio de versos nos guíe.
Ven amor, sígueme
en esta marea dulcemente perdida.
Húndete conmigo
en la muelle oscuridad
que es el amor.
Entra descalza, como yo,
a las negras profundidades
de la felicidad,
donde nos espera
el bello fruto de tu cuerpo,
que haré saltar
de la humedad que nos cobija
hasta este cielo sin nombres,
donde se refleja en el azul insomne,
tu sonrisa, como siempre,
iluminando mi soledad.



Laberinto y minotauro


Como un valsecito sin rostro,
musiquilla de pequeña muerte,
caballo de mínimo galope
sobre las horas del insomnio,
ese de media tarde,
justo antes del amor
que pisamos en charcos,
sobre nuestras sábanas,
mudas a veces de tanta danza.

Me armo entonces, estos arpegios.
Algo simples me dirás.
Algo tontos, te diré.
Y reiremos.
Y las horas serán
claras voces de niños en un parque;
tantos abriles desperdiciados
para escucharlas.

Pero las hojas
mentirán sobre sus días,
y parecerá siempre
primavera en tus domingos,
aún entre la lluvia de nombres extraviados,
aún en el cemento políglota de los edificios
(o de los tejados aquellos, sin reflejo),
cuando, de las horas repetidas
hasta el cansancio en nuestros corazones,
no se invoque nada
sino la alegría
de saberse laberinto y minotauro
de un amor que nos retorna,
sin temor, a la catástrofe.



No hay paz


No hay paz en este nido de sombras.
Apenas el rictus riguroso
de mis labios
que guardan, a tiempo,
un sigilo similar al sosiego.

Practico tu silencio con mi alma;
amaso estos olvidos
para esconderlos luego,
detrás de los espejos.

Pero mis ojos
reptan a tus pies sin motivo.
Y mis manos te suponen
transparente y alada,
ángel de fuego incorpóreo
y terminal.

Y eres en tantas
la misma que me divide.

Eres en otras
la que me une a los restos de mis brazos;
raíces del aire
que bajan por mis hombros
hasta tu sexo;
fomento del suspiro,
fragilidad del ansia.

Así convoco tus latidos a mi jungla,
en el poderoso acto de tu belleza,
y al fondo de mi nada
brillan tus ojos vesperales,
con la tormentosa posibilidad
de lo sereno.



Otro corazón con tu nombre


¿Sabes?
Tengo fotos de futuro en mis cajones,
eso que te dice que va estar todo bien,
que seguirá el mar bañando la nostalgia,
y que siempre habrá un tiempo de caminar
tibios y extensos campos de viento
y claridad,
mientras la suavidad de tu mano
me cubra las pupilas
secando todo llanto
y toda espera.

Amor, amor, amor,
entra en mí
a mirar este paisaje poblado de tu ojos,
y de esta vida que me prometes
como un canto a toda la alegría.

Amor, amor, amor,
vuélcate en mí
como la ola y su destello;
espuma de silencio
en el ojo de la nada.

Vuélcate en mí
que yo en ti soy arena,
que yo en ti soy playa extensa,
cielo furibundo,
azul de una sola noche
amando tus astros
que lactan eternidad
en mis rincones.

Entra en mi corazón furioso,
descalza y aterida,
sangrante de amor,
gritando.

Entra en mi corazón para quedarte.

Márcalo de besos,
ráyalo de caricias,
dibuja en él
otro corazón con tu nombre,
y una flecha atrapada en mis costillas,
para que nunca jamás
salgas de mí.



Pertenencia


Mujer,
poderosa torre de mi deseo,
donde la angustia paralela
redime sus cimientos devastados,
sacrificaré la calma de mis días
sobre todos estos labios
que te dividen;
gemelos de la humedad
que nos devora
en mascadas de tiempo
sin remedio.

Y seré en ti toda
esta infinita humanidad.

Seré en tus contornos
como una llama borrosa,
y sin dimensiones
mi voracidad te quemará las ingles
en el grito sin eco
de los años en tu ausencia.

Y serás en mí,
todo y nada,
principio y final.

Será en mí tu cuerpo,
templo del festejo,
prosperidad de mi gen,
abalorio de la fertilidad propagada
que en mis venas convoca al fuego,
que en mi sexo
es la redención de la esperma,
lo que nos une y nos divide
en geografías de placer;
dios y demonio
que en mis almas se congrega,
como una misa descalza
para tus aposentos.
Lugar que hospeda mi locura
por el arco de tus caderas,
que dibuja la curvatura de la tierra
en el destierro,
para cada ángel
condenado por tu boca.

Mujer,
soy tu dueño y esclavo.
Permíteme la felicidad
que escondes en tus muslos,
que yo vagaré errante en tu vientre
mientras quieras
que te pertenezca.



Simplemente la vida


Yo te nombro mi dueña.
Si soy, es en ti que soy.

Y yo,
que arrastro mis ojos por tu cuerpo,
como si un cadáver de alegría
me punzara en los costados,
te permito el fuego
que me das sin miedo,
porque sin ti,
no hay sino la noche,
porque sin ti,
mi prosperidad germinaría
en la tristeza,
herida, como acostumbro,
de lo que pretendo
sea poesía.

Y ahora
que mi carne es en ti,
en uno que no es ni tú ni yo,
uno distinto,
y que lo que soy
se perpetúa contigo para siempre,
te invito, compañera,
a estrechar juntos
este trocito de alegría,
esta nada que lo es todo
cuando nos amamos.
Esto, que mirado desde el universo,
es tan sólo un punto de miseria,
y que para mi alma lo es todo;
la hazaña de ser en ti y por ti
el fruto del deseo
conjugado en el amor.

Y me someto
al veredicto de tu vientre,
amado rayito de sol
que se cuela entre mis llamas,
y me juro tuyo cuando no me miras,
porque te debo esta
y mil promesas
por esto, que es más que tú
y que yo,
que es más que nosotros;
que es simplemente
la vida.



Simplemente


Tienes siempre,
la frase sencilla,
el beso pleno,
la mano abierta.

Tienes siempre,
la piel despierta,
el ojo claro,
la voz sincera.

Y eres
en esa simple suma,
todo lo que mi alma anhela;
un cálido abrazo
sin julios atrapados,
donde mi olvido sea eso,
un olvido,
y tus dedos
puedan siempre
con mi pena,
y que tu pena
no sea
más.



Tu nombre en los escaparates


A veces
leo tu nombre en los escaparates,
y me divierte pensar
que otros te presienten
en esas sílabas desprovistas de lujuria.

Sin embargo,
esas repetidas y burdas alucinaciones mías,
tienen su rol en el orden de las cosas,
como si cada pensamiento mío
diera base y sustento
a estas complejas realidades que te rodean,
formando un núcleo de vanas materias,
que se pierden irresolutas
en tu inmensidad.


Ronald Harris
6 de Junio del 2006

Ronald Harris.
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Diario de oficina

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 15:02

Diario de oficina


Cielo azul

Abrir los ojos, tragar saliva, preparar la certeza y luego entregarse a la perplejidad. Los ojos acusan la costumbre, el cuerpo delata la secreta obscenidad de cada noche. Alrededor se escuchan los murmullos de las entrañas: mascar, tragar, mascar... más saliva y un “mamarse” el orgullo con una taza de café. Viene el acto intermitente, repetitivo; un cigarrillo sentado en el baño, una mujer olvidada entre los libros y las sábanas que esperan la siguiente batalla. Tragar saliva es imprescindible. No hay besos esperando, ni tantas soledades detrás de esas cortinas, sólo la certeza como una luz demasiado brillante, sólo la certeza como una necesidad ineluctable a nuestra capacidad. Ahora, al final del pasillo, detenerse, observar en este nuevo silencio: aun el cielo sigue siendo azul, está pintado de azul...


El hambre

A esta hora, justo a esta hora, esta maldita hora, cuando el hambre y los pequeños y directos retorcijones permiten que la saliva entre en mis desgastados dientes. Minuto a minuto, los ojos, la brusca intención de mis manos, el ruido de los otros que me circundan como pájaros funestos, el hambre, el hambre; migajas de conciencia acumuladas como sueños. Pasan los segundos adormeciendo mi ánimo de tumulto, pasan pronto y rápido. Pienso, pero es casi, tentación del olvido, y nuevamente el hambre, aquí mismo, en los rincones; mi hambre sobre los relojes, mi hambre sobre los escritorios; me llevo utensilios a la boca, mi muerta y devastada boca, boca que masca, que chupa furiosa, boca que se desmorona en el inconsciente en forma de murmullo. No es sino esta forma; el apetito como muestra de una existencia que cae de pronto como la noche, sin avisar, y que luego, sólo es el peso de lo sentido, el roce, la inseparable gravidez de todo lo que puede ser un alimento, y termina siendo, simplemente, otra desdicha.


Estaciones de Metro

...y la siniestra tos, y el desgarro luego, la rabia del vaivén elocuente, irrisorio. Y nada; las ojeras expuestas como escudo y la templanza cobijada en el desamparo del espacio. “Estación República” – y el parlante es el enemigo. Cuéntame las horas hasta mi regreso, cuéntame el olvido en medio de esta oquedad sorda e interminable, negra como mi intención, zumbante, invadida de estos murmullos como una nueva soledad. “Estación los Héroes” – y el parlante es el perpetrador de esta forma de angustia. Ordeno mi corbata; mi pie se desliza y toca a otro, ordeno nuevamente mis colleras; respiro (vaivén intermitente), respiro, y todos de alguna extraña forma me miran, me miran a través de la atmósfera enrarecida del túnel, me miran y se ciernen sobre mi, formando esta masa caliente y frágil llamada humanidad. “Estación Moneda” – y el parlante es el enemigo, el enemigo de siempre; la certeza, y la siniestra tos...


Parpadear

Como si no fuera suficiente este gesto continuo, amarrarse a los restos de la barca, y luego la necesidad vociferante... Pero me guardo otro instante, miro, me paro, vuelvo a mirar, me siento... repetición del acto, alguien conversa, murmuran alrededor, si no fuera necesario decirles que se callen. Pero me guardo otro instante... Donde empecé a olvidarme de llorar? Pero me guardo otro instante... Nuevamente el gesto, observo la máquina tomarme por los brazos y sacudirme, me conecto entonces, olvido, no hay... gesto... ... ... producir...


Pantalla en azul

Monitoreo la acción del sueño; mantenerse despierto hasta llorar, hasta que se te seque el desamparo, hasta que se te nublen los vestigios de humanidad. Entonces animal, primitivo, caigo; profundo, profundo, profundo; como un insecto negro entrando en el recoveco de una puerta, y más oscuro; cayendo en el poso de los cadáveres de asfalto. Los edificios crecen como una nueva presencia; ya he escarbado antes en estos asuntos. Atrás, el perro de furia que se esconde en el alarido, desgarra las tinieblas de mi miedo, mi miedo patético y gris, mi miedo de losa, de tumba fresca, pero ya he escarbado antes en estos asuntos. La mueca se transfigura, crece, se disloca; no hay imagen precisa, campanas quizá de un puerto triste, y pronto el vacío, la nada, la pantalla en azul, y despierto...



Ronald Harris
2004

Ronald Harris.
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Materia de la ausencia (poemario)

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 15:05

Materia de la ausencia



Adiós


“Una boca sin ojos,
unos ojos sin lengua,
y una tarde de sangre prometida;
mañana de tantas noches.”



Un día dijiste sin sollozos:
“no entres de puntillas junto al frío”
Y yo, tan inocente,
tan brutalmente sincero,
dejé mis zapatos en la almohada,
y uno a uno tus pasos
se fueron quedando
dormidos.


Un día te dije sin decir:
“deslízate desnuda en las goteras”,
pero no me comprendiste,
y tu sueño fue mi pesadilla,
¡Tu sueño! ¡Tu sueño!
Una manzana hecha verano,
un estación vuelta silencio.

Un sol estéril madrugó el holocausto de tus lágrimas,
y sin embargo tu mano acarició mi despedida,
y besaste mi frente sin orgullo,
y sin adiós te despediste,
y sin decir adiós,
me dijiste
adiós.



Apariciones cotidianas


No quise capturar
el ácido milimétrico de tu piel
en estos frascos de anorexia,
ni fraguar el vacío de mis ojos
sobre tus pechos claros y rotundos.

Nupciales y pedestres
mis manos jugaron sin desidia
en la cavidad muda de tus brazos;
bodas en silencio para mi lecho
de ícaros y alas, abandonado.

Pero el miedo siempre supo
como dejar naufragios en mis surcos;
en el sofá, una sombra recostada
me mira con expresión vacía.

Apenas intento tocarla,
desaparece...



Ausencia previa


Gajos de una fruta silente
para mis gastadas alabanzas
que sobran como sobro;
redondo y tierno,
ridículamente limpio.

Una mascada jugosa,
alegre como una misa negra
para mis bocas bipolares;
el sagrado mito de mis babas
que cuelgan de una sábana,
aquella.

Es cierto;
perdí tus muslos
claros como el jueves,
y quedaron por trueque
estas ahojadas sílabas sonando
sin retorno.



Ayer para un solo


Un solo de noches repasadas
con aprendida fluidez.

Canto de quizá que despeñaderos;
últimos vestigios atrapados
en la osadía de llorar.

Ayer ya fue tarde para tus ojos; lo sé.

Ayer, ayer ya fue otoño
para estas manos;
pretérito de inútiles divinidades
que aprendieron a soñar.

Ayer, ese ahora insatisfecho;
martes de algún presagio
sin sorpresa.

Ayer, sí ayer;
cuando aprendí
el significado de mi grito,
de mi hoy.



Intuición


Quisiera posponer estos dientes
en una quimera;
directrices de mi voraz apetito,
antojo fluvial que baja por las costillas
en la calenturienta sensación
que esconde la soledad.

Y esta verborrea sorda, maleducada, vociferante;
¿Qué parecida fórmula desgrana en mis oídos?

Ayer amé tibiamente unos ojos
que hoy devoro en la pastosa terquedad
de mi saliva clara.

Hay un rumbo que desaparece lentamente;
ocaso de los ocasos.

Otro que no soy yo lo presiente caer.

Uno distinto
lo recobra.



Llamadas telefónicas


Lloro sobre estos fósiles
desvencijados;
una llamada de jueves
en la intuición de recaer.

Una llamada cuando el silencio
no repara en esta geología;
en la intimidad de cada sílaba,
vamos cayendo, lentamente,
congelados.

Y debe haber un borde, un límite
donde podamos dejar estos vestigios;
una línea que divida los recuerdos
(cuántos domingos irreparablemente sordos).

Pero se disuelve tu voz en mis almohadas,
y hay vasos sin secar en las repisas,
y una lámpara que nunca prende en ese velador.
Y hay, y hay la noche enorme,
como este llanto funerario
y definitivo.

A veces tu nombre suena como un grito.
Otras, simplemente, no acude a mi oscuridad.



Materia de la ausencia

(a quien no está más)


El aire trae esa lánguida caricia,
ese gesto largamente masticado.

Un puñal silencioso
(si lo pienso detenidamente).

Se gasta tu nombre en los susurros,
y la nívea máscara de mi silencio,
hospeda la antigua agonía de no tenerte.

Es clara como el jueves
la palabra destino,
y nocturna
como esta luna de lobos
que esconde
el secreto de mi aullido.

Y ya que eres distante,
presagio de horizontes bipolares,

me convierto en la mueca
de una estrella que vigila
el insondable espacio
que abraza nuestra ausencia.



No acudiré a este funeral


Una extensión muda
acude a tus esquinas,
armando y desarmando
estos retornos.

Juego a olvidarte
mientras te recuerdo
en la indiferencia volátil
de mi cama,
y dibujo símbolos de amor
y desamor con los dedos,
sobre el aire disuelto,
impaciente.

¿Cuántas lágrimas puede pesar una partida?
¿Cuántos besos limitarla?

Subo a tus mejillas
para un silencio;
no me miras siquiera,
tampoco me odias,
imperceptible esperas;
visiblemente invisible,
aire del aire
que desaparece.

Sin duda,
no acudiré a este funeral.



Nocturno para un grito


En las habitaciones vacías
pena tu sombra,
silente de perplejidades,
austera.

Nada sino su anodino ritmo en las cornisas.

Nada, sino la tenue insolencia de su paso,
difuminando estos anhelos ateridos,
vástagos de una pérdida,
olvidados.

Yo no tengo más que la pupila
de estas noches, atormentada.

Yo no tengo más
que un espacio lleno de viento,
aquel maléfico sonido parecido a un alma;
rito de la nada buscando abrigo.

Yo no tengo más que mi duda,
vacía, vacía y bella como tus tobillos;
oquedad que danza en el despeñadero
de un espejismo parapléjico.

Un sueño se adentra en la espesura,
mis dedos lo sienten pasar,
lo tocan sin remedio,
y lo pierden.



Un largo atardecer de sangre


Un vértigo de alfileres
le penetró la lengua
en la extraña luna
de su fiebre.

Un vértigo
parecido al placer,
pero mucho más silencioso.

Entonces,
confabuló sus labios
en la agonía de besar,
y un largo atardecer de sangre
fue en su mirada.

Un vaso vació
bebió su sueño,
y se llenó (pronto),
de heladas gotas,
y peces de aire
que volaron por su frente,
y de un “no se qué” de algas
que bailaron
sendas sombras
en sus senos.

Sin embargo
siempre supo que sus horas
estaban enumeradas
para esa despedida.

Supo del adiós que guardaba
entre sus tibios muslos
para un eterno julio
sin domingos.

Jamás dudó que la recordaría
en la flama insomne
de mi aguerrido corazón,
y en el fluvial abrazo
que nos dejó la nada
cuando pretendimos,
ingenuamente,
serlo todo.



Ronald Harris
2005

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Espectro de una ausencia

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 15:08

Espectro de una ausencia


Primer Acto


Quedó de aquella sombra dibujada con la angustia, sólo el harapo febril de mis días sin remordimiento. Un beso en la frente quizá, y antes de dormir, su aliento, su calor inexistente, su silencio. Fue ese yo inverso que presentía antes del odio filial, pues siempre arrastré esa misma máscara al fondo de los ojos, mientras murmuraba sin querer este réquiem oscuro. Antes, el infantil y macabro juego del castigo; un padre ausente y egoísta, una madre difusa, un silente desayuno al borde de un grito. Luego, el miedo confuso de mi antojo; me hablaste un jueves sobre la cama, que lo mismo era refugio y abandono, y si bien tu voz era mi voz, también era aquella negra posibilidad que encierra el desamparo. Y es que más de un gusano se esconde en este cóncavo y vacío espacio que parece un corazón, más de un dolor, más de una mentira, porque algún día me pasearé por esta plaga de recuerdos errantes, sabiendo que el abismo me espera a cada paso. Y si bien todo comenzó con la mentira leve de un niño sin conciencia, fue más el llanto y las tinieblas. Odié mi nombre y tu nombre que era el mío. Odié los días en el Meleril que trastocaba las horas en espasmos intestinales, en gruñidos de bestia que subían por las sombras como miasmas. Odié la renuncia de mi padre a su felicidad, y como su fracaso se fue convirtiendo en mi fracaso; horas en el vaso, flotando, flotando, horas en la desilusión con forma de jolgorio, de juerga, de levedad como epitafio. Odié y amé a mi madre en su fortuna desolada; fuiste, mujer, símbolo y fórmula de mi miedo filial, pagado con la más cruel actuación, con el más despiadado acto de mi alma: el espectro que de noche dislocó mis pesadillas en cifras del espanto, que durmió a mi lado para atormentarlos, atormentándome, invadiendo mi voz con su voz que era mi voz, apretando mi cuello con sus manos que eran mis manos, desbastando la tranquilidad indolente de este hogar que no era del todo un hogar, sino, mi hogar.



Segundo Acto


¿Cómo se puede trastocar un recuerdo en el gris ausente de una disculpa?

¿Hasta qué difuso límite el dolor puede mutar en el conjuro siniestro de una agonía?

Ya cuando el tiempo había dibujado en mi conciencia la certeza de un equívoco, los días se habían sumado sin juicio a esta mentira. Quedaba el complejo escenario con los actores dispuestos sin parlamento, y como es la vida; avanza sin darnos cuenta, hasta que todo está consumado. Y así, este espectro que era mío, una visión impertinente e infame, me sugirió sueños en vigilia, retorcidos e íntimos anhelos de venganza, porque nadie sabe que cuervos escondo en los cabellos y que mañosa bestia prepara mi discurso, cuando en la febril obsesión de una injusticia, caben todas las iniquidades de una mente sumida en la desgracia. Ese Abril, entre vesperales símbolos de otoño, abrí los ojos sabiendo que algo distinto se fraguaba en mis internas levedades. La primera sombra sólo fue un augurio: ya para Julio no había sueños en mi casa, sólo la pesadilla insomne de mis visiones saturnales. El cable telefónico atado como una sentencia a mi cuello lívido desató la primera condena. Luego, los alaridos súbitos en mitad de la negra noche de un invierno quebradizo: nada sino este deseo desahuciado, esta angustia desatada como una caja de Pandora.

Sin paz, la almas que vagan en el recinto muelle de la locura, vertieron las lentas aguas de las que beben todas mis rebeldías.



Tercer Acto


Ya van quince distantes años desde tu último ejercicio escapatorio; una visita tras el espejo, un murmullo soplado en la nuca de mi padre y en la mejilla de mi madre, y de éstos, tantas penumbras, que esta huida por un costado del infierno, resultó sólo un paseo premonitorio a las puertas de mi holocausto. Nunca tendré las palabras exactas para un perdón involuntario, sólo este entendimiento pasajero e inútil; la pubertad no es un pecado, es sólo una condena mal atendida. Ahora, en la distancia de los actos, en la tranquilidad impune y transitoria de mi vida, veo estas llagas esparcidas en el patio del recuerdo, como las hojas de un otoño sin remedio. Nada queda de esas familiares vejaciones impartidas por mi mismo, por mi miedo y mi dolor iracundo y desmesurado. Sólo ciertos claros donde veo a mi madre tocando mi frente, con sus manos tan tibias como esta tarde en la pasividad de mi silencio. Nada queda realmente de mi felonía, sólo esta culpa ciega y nefasta, esta vergüenza que me quema las vísceras, por los seres amados que pagaron con pánico esta indolente caricatura que diseñé con retazos de una amargura que me perseguirá siempre, ya que las tinieblas amarradas a mi alma como muñones de alas envueltos en harapos, son inmunes al tiempo profano y a la distancia de los acometidos. Y al final, en la desnudez de esta confesión innecesaria y pueril, veo cerrarse el círculo alrededor mío, como una muralla de mudas visiones que se atropellan en los bordes de un abismo, donde siempre me espera el reflejo inexorable de mis actos; simplemente la soledad.


22 de Octubre de 2004



Cuarto Acto

(Un amor intermedio)

Sucumbí al anhelo que me dejó su boca quinceañera, aunque sus mentiras me penetraron las costillas como lanzas, fue pequeño remanso en mitad de la tormenta; unos meses en la eréctil emoción de sus pezones. Pero aún así, fue este amor un páramo extraño y peligroso; el incesante rumor de estas vísceras que te deseaban como sólo lo hace un inocente. Y esos besos fueron la siguiente droga que me esperaba, porque si mi espectro fue una acumulada culpa en el silencio, ella fue para mi alma, lo que una bala hace sobre una fruta; trozos esparcidos por doquier y el olor incesante de la pólvora mezclado con el dulce sopor del inconsciente. Mitómana febril, mi amor primigenio; esa sombra que vago sin hacerlo por mi casa, también fue una proyección estéril de mi sexo, porque si hubiera poseído la furia que hoy eleva mis estigmas, habría invadido tus ingles sin descuido, en la voluptuosidad insolente de mi gris inexperiencia. Mas las llamas que ardían sin fragor en la desusada alcoba de mis miedos, dieron sólo con el espejismo insano de una juventud sin destino.

Oscura sombra es el deseo inconcluso, que se convierte en designio sangriento, cuando las hordas de emociones bestiales suben por el estrecho canal de mi garganta, hasta los gritos vesánicos que quiebran la noche de una casa olvidada en la niebla silente de mis confusos recuerdos.


26 de Octubre del 2004


Quinto Acto


Dibujé mis dedos imitando una gaviota, unos labios que quise besar y que se escondieron en este laberinto detrás de mis ojos. Diseñé unos senos que no eran de nadie, unas inconclusas caderas que parecían caracolas, un órgano difícil cubierto de ganglios y nervios y otras cosas inútiles. Tracé con sangre todos los argumentos que me parecían con cierta lucidez, ya que siempre, formas, imágenes, símbolos, poblaron mis ilusiones, mis anhelos, las agotadas posibilidades de mi lenguaje. Y no fue sino la palabra, en el silencio translúcido que esconden los espacios entre sus sílabas, la que se apoderó de mis sueños en hojas, en cientos de hojas como súplicas; miles, millones de confusas plegarias a un cielo silente, que recogía mis estigmas como un feroz y sanguinario juego de abalorios. Entré en ese túnel vertiginoso que es la venganza, para encontrar al final, sólo la tenue luz de una certeza conjugada en el llanto de mi madre y en el estupor de mi padre. Entré y salí desde la oscuridad hacia la penumbra desolada de estos días inexplicables, de este ahora indiferente; sólo tu sexo en mi epitafio, las caricias dislocadas de nuestro amor, que no es sino tu amor por mí, y mi necesidad de ti, pero esa, esa es otra historia...


8 de Noviembre de 2004


Sexto Acto

(Acto final)

Hoy siempre me pareció una fecha imprecisa, una difusa sentencia para determinar la sorpresa de saberse en la existencia como cualquier otro artefacto de la locura. Hoy siempre fue miedo inaugurado con aplausos; una mañana lo recordarás todo, y sin duda estos epígrafes de mimo ciego serán sólo el juego aquel que nadie comprendió, ni siquiera tú. Pero hoy siempre es hoy, una delicada luz entre las cortinas, un silencio antes del gesto primitivo y la escuálida sensación de mis huesos atrapados en la maraña de una carne tan insomne como estas palabras. No hay redenciones en el vacío, no hay culpas que expiar en sus amplias habitaciones, sólo esta tristeza acostumbrada tanto como yo al dulce licor del olvido, que fragua estos anhelos en la incoherencia de mis actos, que son navío y naufragio cuando pienso en aquel espectro de una ausencia clausurada en las puertas de mi perdición.

14 de Diciembre de 2004

Ronald Harris.
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Certezas desde el espejo

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 15:13

Certezas desde el espejo


Destino y destrucción

Puedo caer sin duda, entre las cruces de mi nostalgia, hablar como un piano desolado y gritar lo que nadie quiere gritar, lo que todos callan para aplacar su furia ensimismada, lo que todos niegan para seguir en la calma artificial de sus vidas atravesadas por la estéril indiferencia de sus almas. Puedo ser esa nota que nadie quiere tocar, ese despilfarro que nadie quiere asumir; una vida perdida en un bestial contrasentido, ya que todo es destino en si mismo, la perfección en lo que se es. Pero nada, sólo pianos en mi paisaje vertical, instrumentales argumentos sin relación, voces que fueron murmullo en el vacío insomne de estos días sin remordimiento, sin conciencia, y sin anhelo mi canto caído y elevado, suena como réquiem desaparecido, una inconclusa sonata en la muelle oquedad de la memoria. Puedo decir, sin embargo, que hay habitaciones vacías en mi casa, muebles sin destino arrumbados en sus inertes espacios, artefactos que se derrumban si los utilizo. Hay en mi morada, una hora que parece refugio, y no es más que segundos acumulados en la certeza de saberme capaz de tanto y de tan poco, porque siempre he sido demasiadas posibilidades, tantos abandonos, innumerables ausencias; una infinidad de geografías como territorios devastados en mi palabra, que es síndrome y germen de mi vida, y de mi inevitable destrucción.

27 de Diciembre de 2004


De la necesidad llamada amor

Te supongo en mi cama, sumida en una realidad que sólo conocen estas sábanas y su temperatura. Estas recostada, hendida en su forma como el artefacto ebrio de mi deseo. Me perteneces, lo sé, aún cuando te rechace, te hulla, me cuele entre tus cabellos para escaparme de esos labios. Y aún en el adiós, eres más mía que mis emociones y anhelos; mis vagas esperanzas. Y esta pertenencia es la nueva fórmula de mi soledad, ya que cuando recorro el éter que tu aliento guarda, sólo me calma la posibilidad que encierra tu llegada, y entiendo estos momentos abandonados cuando tengo la certeza de tus pasos a tres sílabas de mi olvido. Me veo frente al televisor, absurdo como siempre, y la delicada luz que recorre mi habitación, quiere ser espejismo de tus senos en cada parpadeo. Le hablo sin querer a los espectros de tu ausencia, que simulan ser sombra y presagio de una despedida, y nada, siento miedo de mi necesidad, le temo. Y sí, estás sin estar más, volviendo eternamente sin que te espere del todo, pero miento, lo sé; miento para no saberme atrapado de ti, pero no, no hay remedio...

28 de Diciembre de 2004


Existencia y soledad

Soy una imagen apenas en el frío destello de un espejo difuso. Mis formas se desvanecen, se ablandan, obsolescen en mi desarraigo. Busco síntomas de humanidad entre mis piernas, en el hueco mudo de mis manos, en la extraña palidez de mis caderas, y sólo encuentro esta selva de ganglios atrapados en la ensoñación de una vida. El espectro que dibujo no soy yo siquiera, salvo unos ojos que se apagan al final de sus recuerdos. Y lo que me divide también me une, me ata a lo que no pretendo; un sexo profano a la altura de la boca y mis brazos sosteniendo las vísceras que devoro y que me devoran, como una bestia en húmedo letargo. Soy una imagen apenas, sueño de un funeral sin flores ni llanto, gris en la espesura del cemento, cuando el cortejo de caballos errantes que se contagian de mi aullido, son esta caravana de muertos que buscan soledad.

29 de Diciembre de 2004



De las verdades y certezas

El inverso estado de mis extremidades me desobedece, mas la norma que rige estas pupilas, es sinónimo de la prosperidad de aquellas sombras que me siguen. Pronto, el ángulo de las divergencias me aproxima al desamparo de estas conjeturas, y veo como todas mis verdades se desmoronan como presentes; eventos que dejan de ser apenas son. Así, mi necesidad de constantes fijas e indivisibles me azora de relativas imprecisiones, que se desvanecen en su fragilidad pueril y austera como mis manos. Ahora, sólo estas certezas que me miran y que miro a través de un pálido reflejo primitivo, son viento y vela de mi viaje en busca de evidencias de humanidad en mis palabras. Porque de la verdad naufrago soy, exiliado de su calma que es prefijo del silencio. Y si el gris destello de mi búsqueda eslabón es para otros cuestionamientos, pues nada, que así sea, y si no, vengan todos los que quieran a presenciar el bizarro espectáculo de mi devastación. Pero no debo dejar sólo huellas de esta huida, eso lo sé, mas la furia veloz que me posee, siembra alaridos en los laberintos de mi discurso. Queda intentar entender estas cabalidades como cimientos aguerridos de una nueva propuesta, que se suma a los actos perdidos de mi letra y de mi voz, y que son empeño por descubrir las cifras que habitan el vacío que me atormenta.

30 de Diciembre de 2004


Certezas encontradas

La noche se acumula en mis axilas con el aroma del tiempo derrotado, malogrado de sueños. Algo más al Este, tus senos me miran en la profana calma que guardan sus alturas. Me siento de pronto, costa de oscuras olas que chocan en el arrecife de tus piernas, y tú, vigía y faro de mis mareas, presientes estas involuciones en el férreo coral de mis acometidos. El ansia saturnal que toca mis endechas, ya no es del todo soledad, y en el aguerrido silencio de nuestras sábanas, nos amarramos profundos y abandonados al naufragio de nuestras almas. Y después de tanto, después de todo, me doy cuenta que no soy sólo sombras que pululan en la vacía zona de mis lamentos, que no soy sólo esta penumbra que cruza la puerta, esta oquedad húmeda y sonora de palabras rotas, de versos quebradizos, de tristes poemas que mueren de inanición. Tengo esta nueva certeza de un nosotros, que es algo más que presente o aventura, que es algo más que noches compartidas en orgasmos aéreos. Y no es presagio la humanidad que cae de tus ojos cuando callas, es sólo esta senda que no se divide tras las pisadas que dejamos o que nos dejan, cuando eres encrucijada de verbos que temo, pero que no me vencerán, jamás.


31 de Diciembre de 2004

Morgana de Palacios
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Mensajepor Morgana de Palacios » 15 Sep 2008 20:13



De momento sólo he leido la primera tanda de poemas y, Alejandro, me afirmo en todo lo dicho siempre.
Tocas mi corazón y mi intelecto con la misma certera puntería.
Me emocionas profundamente, así que para mí, eres tu mejor tú, abierto en canal.

Bendito poeta loco...

Ronald Harris.
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Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 22:27

Gracias Morg por dejarme tu lectura y comentario. No me había dado el tiempo de hacer memoria en este espacio, y como verás, lo que está en ella también está en el foro en su completitud.

Un beso grande.

Ron

Ronald Harris.
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Anotaciones para repetir en silencio

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 22:31

Anotaciones para repetir en silencio



Todo ocurre a una velocidad incomprensible

el día
la noche
la voracidad de los apetitos

todo se confabula y se precipita
en la gravedad prístina de mis abismos

ni los sueños ni las despedidas
ni el este sopor vertiginoso
nada presagia tanta nada

a pesar de los nombres atesorados
que duelen en la lengua
como cuchillas de un metal espurio
la sabiduría del olvido
no me conmueve tanto
como la melancolía

a orillas de una cama (a ratos fría)
mis pies pretenden partir
dejando los ecos arrodillados
como niños frente al velador

a veces
tan solo rezar a lo desconocido
nos ayuda

entregarse a esa perplejidad
que llamamos fácilmente fe

mis dedos se humedecen en los labios
esperando tal certeza


continúo


28 de junio de 2007







Algo arde en mi cabeza
con un fuego frío e infernal

las dosis se acabaron
lo sé por la sequedad de mis encías
o es que el verbo se hace polvo entre mis dientes
como un sueño de bocas abiertas en la ventisca

arde el mundo en la quijada enorme de los diarios
pero acá todo es silencio
sólo un gramo de mediocridad
para calmar las estridencias que me habitan

afuera
todos hablan al mismo tiempo
todos murmuran algo como un rezo
o una canción demasiado triste

bostezo

estiro los ángulos de mi humanidad
hacia la nada rotunda
de la luz artificial que me devora
trago bocanadas de luz
me lleno de luz las tripas
y me inflamo de fosforescencia

miente el sol al fondo de mis ojos
como un faro intermitente en mitad de la tormenta
miente con una verdad sofisticada

hurto de sus artificios religiosos
la capacidad de someterme

trabajo un poco

duermo un poco

fornico los miércoles y los sábados por la mañana
antes del tenis

habito



29 de junio de 2007





Estoy condenado al travestismo de mi lengua
decir tantas veces lo mismo
amerita camaleones en el alma
camaleones y payasos
y malabaristas ciegos

tantas verdades disfrazadas de predicados sangrientos
ameritan la mentira de estos ropajes
de mi lencería púrpura
de mis peinados artificiales
de todo este maquillaje que devora mi rostro
en una sonrisa negra y vacía

porque hasta llorar aquí
es un espectáculo de geishas
y arlequines

el teatro está lleno
todos me miran con una expresión similar
que va desde el asco hasta el asombro

en este espectro hasta el miedo muestra su cara

comienza entonces la parodia
cae parte del telón al suelo
y me revuelco en él
dibujando sobre el escenario
una mancha grotesca y “sempertina”

parte del público quiere huir despavorido
otra parte está demasiada absorta
para darse cuenta

sólo unos pocos me miran hipnotizados

para terminar el acto
saco una paloma muerta de la manga
y me la trago

muchos a esta altura ya vomitan

entonces
de rodillas y llorando
les leo un poema sobre ellos mismos

los más enfurecidos
suben al escenario y me golpean en la cara
la mayoría se retira murmurando
hablando de cualquier cosa

quedo solo
pero siempre estoy solo

me saco la vestimenta para quedar desnudo y recostado

dentro
todos mis fantasmas susurran al mismo tiempo

estoy cansado muy cansado
quiero levantarme y salir corriendo a ninguna parte
pero ya es tarde


duermo


29 de junio de 2007






Cómo bordar este apetito con la voluntad que no tengo
acomodarlo en algún rincón polvoriento
junto a las fotos prohibidas

vienen sucediéndose las funciones
tarde a tarde
y el papel no me sienta del todo

y no es que los disfraces me incomoden
es sólo esa necesidad de sentir a veces
algo de verdad entre los dedos
algo de pudor en las encías

tanta lucidez a ratos desagrada

realidad sobre realidad

la noche fue larga sin la dosis
un prurito de sombras batalló entre mis sábanas
hasta ese amanecer siempre gélido
siempre desolado

una luz como una espada
se clavó en mi frente
para llamarme a la vigilia

fría luz de Julio para rezar

lejos
bulle la ciudad a la espera
de la somnolencia transeúnte

pronto un café frío y tres galletas
conectarse a los deberes y el ocio
suena “no todo está perdido” en los auriculares
aprieto los dientes y los ojos
para no llorar


igual lloro


3 de julio de 2007







Debo pintarme todos estos los labios
para besar a mis espectros
y dejarlos marcados con esta pena de cabaret
(tan similar a la alegría)

supongo que es mi destino
habituarme a la voluntad de los atrapados
ser fiel al postizo afán que profesa tanta angustia

vestirme de estas sombras
es un juego que bien puede valerme
un pasaje a la trascendencia
o a la condenación

pero ya es miércoles en la derrota

vienen los santos semanales
y un momento para practicar el ostracismo
en la patética compañía de los otros

la muchacha me sirve una bebida
me pregunta mi nombre
obviamente le miento
la miro absorto varios minutos mientras baila
no estoy aquí
no hay nadie aquí

Santiago se desmorona en los callejones

me tocan el hombro para llevarme hacia otra habitación
“son diez mil si la quiere desnuda”
acepto sin pensar

entra la muchacha y se desprende
de los restos de humanidad que nos separan
yo mientras
pretendo no sentir náuseas

voy a decirle que me voy
pero me hace un gesto de silencio
me besa en la única boca que nos queda
algo como la noche me sube por la espalda
algo como el abismo
o la desesperación

la verdad no deseo tocarla

preparo un intento de melancolía
pero suena el celular

me retiro sin cambiar de expresión
la perplejidad es una máscara excelente

me escondo al fondo del teclado y digito estas palabras

hablo con mi hijo por teléfono
y hago promesas que sé
no cumpliré

entro y salgo de la nada buscando fuerzas

voy a baño
orino
vuelvo al teclado y cierro los ojos
vuelvo al baño
me miro largamente en el espejo gigante que lo devora todo
está manchado en las orillas con los dedos
ya no lo soporto


vomito


4 de julio de 2007






Batallamos cada día con toda esta ternura
que llamamos tristemente soledad

abrimos y cerramos nuestros ojos a tanta maravilla diciendo

no gracias
hoy no quiero ser ni parecer

pero nos equivocamos
y caemos arrodillados cada siguiente ocasión
tentados en la posibilidad
de encontrar lo que nos huye

pertenecer no es verbo para moribundos

supongo que no todo obedece
al macabro juego del azar
eso debería incitar una plegaria
pero mi lengua está cansada de pedir

es que quizá
me he metido demasiadas cosas en el alma

o los alvéolos

demasiadas trampas demasiadas pesadillas
he recorrido este infierno demasiadas veces

pero hoy todo me parece demasiado
el horario las luces
el pastoso murmullo de mi respiración

todo me parece innecesario y repugnante
la música que baja de los muros
la sequedad del aire acumulado en la oficina
todos estos papeles llenos de garabatos incomprensibles

si pudiera gritar o llorar
levantarme para destruirlo todo con un alarido
asesinarlos a todos bramando sus nombres
en un sola y aterradora palabra

también
me parecería

demasiado


6 de julio de 2007






Las manos en la cara
soportando la vergüenza o el orgullo
sujetándome los ojos que insisten en escaparse
como peces que se ahogan

quiero dibujar con lápiz grafito
los nudillos de tanto silencio
las esquinas de tanta nada

pero me huyen los símbolos
hacia todos estos bordes
que me definen

tan tristemente

busco el hilo conductor de la tormenta
ese camino sin orillas que converge en el abismo

miro los objetos a mi alrededor
como si fueran una plaga de insectos increíbles

todo se destruye o se convierte
todo se devasta

quisiera asimilar lo extraño de estas formas
no como un atentado
sino como una representación del yo
en todos los elementos

porque soy en todas las cosas
soy aquello que a mi alrededor se desmorona

el mal que habita en mi paradoja



13 de julio de 2007

Ronald Harris.
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Pecados Capitales

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 22:37

Pecados Capitales



La lujuria

¿Soñarán acaso, los ángeles eunucos
(cuando les tocas el ala austera
e irreflexivamente,
ellos abrazan tus piernas de dios
suaves y poderosas,
como el tronco de un árbol visceral
donde la hiedra sustenta su desidia),
con la tibia savia de tu sexo Señor?



La ira

¿Y qué harás cuando te pregunte
por el azufre incandescente de tu llanto,
ese que sólo la mujer de Lot alcanzó a ver,
antes que la primitiva sal de tu ira
saciase el pueril argumento
de su inocente curiosidad?



La soberbia

¿Qué nombre dar
al dantesco escenario de tus tardes
(esas irrepetibles e inolvidables tardes),
cuando tu espíritu de artista universal
de megalómano de la nostalgia pura,
se deja caer sobre los tristes hombros
de este miserable humano que soy;
apenas ojo que se sobrecoge
ante un cielo que se muere?


02 de enero de 2006








La Gula


¿Después de qué innoble clavo
tu apetito sangriento se vio saciado
de la sangre aquella que fue tuya?
¿O no fue sino hasta la lanza,
que de agua bañó la tierra oscura,
cuando tus ojos se cerraron de placer,
sabiendo que tu hambre
jamás padeció de esa extraña enfermedad
que es el remordimiento?

03 de enero de 2006



La pereza


Y cuando duermes,
echado sobre las cabezas inconscientes
de tus arcángeles alabastrinos,
retozando la eternidad de tus costillas,
rascándote el ombligo lleno de constelaciones;
¿sueñas Señor, con la catástrofe
que tus hijos habitan a diario
esperando ese prometido retorno
al paraíso aquel que ostentas como jardín,
y que sin inquilinos dormita
en el mismo tiempo sin sorpresas
de tu aparatosa solemnidad?


04 de enero de 2006


La codicia


De los poderosos,
que hoy se descuelgan cuales profetas,
promoviendo igualdad entre los iguales,
enarbolando en su tótem personal
un humanismo que desboca en la mentira;
¿no eres Tú el más pleno de bondades,
el que más tiene en la tierra y en el cielo?
¿No eres Tú acaso, dueño de mi alma,
y del alma de todos estos que no ven
más destino que una privilegiada posición
a la diestra de un Amo que no les reconoce,
sino hasta que ya no le pertenecen?


5 de enero de 2006




La envidia


¿Y que será de nosotros Señor,
cuándo, mirándote a los ojos
en trágico gesto,
vea por fin en Ti,
justo al fondo de tus grotescas pupilas,
la máscara infeliz que me protege
de saber, por ahora,
que la envidia es
solamente
en mí?


Ronald Harris
23 de enero del 2006

Ronald Harris.
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Sistema para la nada

Mensajepor Ronald Harris. » 15 Sep 2008 22:39

Sistema para la nada


I


estos pasos
que dividen sutilmente nuestro vértice

un paseo de martes sin retorno
sobre el paisaje de la ciudad

la bestia que habitamos
y que nos habita

cómodamente

y la brisa despeina los “grafitis”
arrastrando sus hojas
en un abismo paralelo
que ya no me sorprende

Thom Yorke aúlla entre mis labios

su número me llama
una variable que se desencadena en el alma

yo la miro largamente hasta parecernos

soy entonces
la cifra que nos habita


un peldaño al borde de la masa



Ronald Harris
24 de Junio de 2008









II


abrazo la belleza hasta sucumbir

alguien nos mira
ya no puedo siquiera tocarle

un ángel viril entre las sílabas
como una canción incomprensible

el callejón se cierra me traga
pero el miedo me es tan familiar

brilla un neón sordo en su costado
la intermitencia me penetra
un espectro me saluda
su voz despierta mi apetito
sorbo dos tragos y me someto

lo que arde en mí no es la conciencia

afuera ya anocheció
diecisiete veredas me resguardan
contemplo su silencio con un ojo



Ronald Harris
24 de Junio de 2008

III


vuelvo a la cifra que me habita
el equilibrio aquel del que pende nuestro caos

ves acaso la nota que repite
la suma final que necesitas

qué te dice

me sumerjo en avenidas furibundas
cuento mis pasos para regresar
mastico largamente la fórmula sin desaparecer
no hay magia suficiente

pero el número sigue allí y lo sé
ajeno a las miradas que nos atraviesan

cuánto resta a mis otros algoritmos
esos que soy cuando me amo y me odio
al mismo tiempo
en los que me convierto cuando trabajo
y soy el del espejo
y otro similar al fondo de la imagen

cuánto suma

quizá sólo el número de palabras que amé
o la cantidad precisa de latidos

hasta sucumbir



Ronald Harris
26 de Junio de 2008

Gavrí Akhenazi
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Mensajepor Gavrí Akhenazi » 16 Sep 2008 05:26

Ésto no tiene desperdicio.
Las prosas son para leerlas hasta que rechinen y duelan los dientes.
Excelentes. Realmente excelentes.

Arantza G. Mondragón
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Mensajepor Arantza G. Mondragón » 16 Sep 2008 14:19

Menudo banquetazo, querido Ronald. Las voy a leer poco a poco porque si uno me impacta, imagínate todo junto...
He leído por encima y me quedé atontada, sobre todo con alguna prosa. Lo bueno, despacito...

Gracias por poner todo acá.

Besos,

p
o
e
t
a
z
o
.

Ronald Harris.
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Mensajepor Ronald Harris. » 20 Sep 2008 20:30

Gracias Santos por tus huellas en mi memoria.

Abrazos compañero.


Ron

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Mensajepor Ronald Harris. » 20 Sep 2008 20:31

Gracias a ti mi querida Arantza por visitarme.

Besos.

Ron

Idella Esteve
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Mensajepor Idella Esteve » 21 Sep 2008 00:27

Querido Ron,

He leído toda la parte poética.Pasaré a leer la prosa con detenimiento.

De momento, decirte que te sigo y que me ha gustado mucho el fondo existencialista de los poemas, muchos de ellos me han impactado, por eso no es suficiente una sola lectura.

Seguiré pasándome por aquí para disfrutarlos.

Es un placer. Gracias.

Un beso.

Ide


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